Se acabó, sí, por fin. Meses y meses que parecían décadas, semanas que parecían lustros, horas que parecían años, segundos que parecían meses: en los que me veía ahogado en mí mismo. Fruto de una ausencia, curiosa consecuencia de una decadencia. Qué duro, ¿verdad? Pues se acabó, ya no más. Punto y final. Ahora vienen nuevos horizontes que como poco son ilusionantes y doy gracias porque sigo aquí.
Lo que me llevo de todos estos meses es una simple reflexión, pero que a mí me ha servido:
"Si todo tiene un final, ¿por qué no disfrutar del camino?"
Lucha. Sé tú.
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